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COSMOGRAMA » Conócete a ti mismo
Conócete a ti mismo
Estas palabras fueron grabadas por los siete sabios en la entrada al templo de Delfos, lugar de culto en la antigua Grecia.

No se puede aceptar lo que no se conoce. Muchos libros te dicen que te aceptes como eres. Qué difícil es eso cuando no sabes lo que estás aceptando. Conocerse pasa por descubrir las luces y sombras de uno; los talentos y conflictos y ver la relación que guardan entre ellos.

El proceso de ir conociendo la personalidad puede suceder de muchas maneras. La vida misma, a base de ir repitiendo las experiencias y las lecciones que tienes que aprender, te muestra cuáles son tus valores y tus límites en cada ámbito de la misma.

Si la consciencia no ha despertado lo suficiente para estar realmente presente en cada situación, esta manera de conocerse requerirá de muchas repeticiones de experiencias de dolor y sufrimiento.

Estos tipos de experiencias son las que nos pueden llevar a pasar por terapias de todo tipo: psicológicas, corporales, emocionales, de integración de estas tres partes

En este caso, de nuevo, los procesos toman bastante tiempo y puedes quedarte empantanado durante años revisando tu pasado, tus bloqueos físicos, tus heridas emocionales, yendo y viniendo sin acabar de verle ni el fin, ni el final.

Un mapa de personalidad
Una tercera vía de autonocimiento complementaria a las dos nombradas anteriormente (la vida misma y la terapia sobre ella), sería mediante un mapa de tu personalidad. De todos los que he conocido (Eneagrama, Diseño Humano, test de personalidad tipo Myers-Briggs, Siete Rayos, Numerologías...) la astrología psicológica es el más concreto y profundo que he encontrado. Con mucha diferencia.

A lo largo de toda la historia de la humanidad el hombre ha ido dibujando estos mapas internos a partir de la observación de los ciclos de la naturaleza, haciendo analogías entre el microcosmos y el macrocosmos e incluso a través de la revelación directa.

Este mapa se despliega a partir de las coordenadas espacio-temporales de tu nacimiento. A pesar de que no sea algo científico (en el sentido de que se pueda “demostrar por qué” funciona) tú sí que puedes “comprobar si” funciona. Además, el hecho de que la ciencia no pueda explicar la astrología, no dice nada negativo de la misma. Más bien, al contrario. El día que la ciencia pueda explicarla, será un gran día para la ciencia, no tanto para la astrología. Significará que la ciencia ha refinado su visión para dar cuenta de fenómenos más sutiles.

No se trata de que creas o no en ello, sino simplemente de que consideres la posibilidad y lo pongas a prueba. Si crees que no es posible, te pierdes la posibilidad de experimentarlo, de saberlo, de conocerlo. Si sólo crees en ella sin haberla probado, tampoco podrás experimentarlo realmente porque te condicionará a ir filtrando la realidad para que encaje. Al final, ni el que cree que ni el que cree que no, lo sabe. No se trata, pues, de creer o no creer, sino de experimentar; de saber por uno mismo.

Lo más sorprendente no es que exista una relación entre lo de arriba y lo de abajo, lo de adentro y lo de afuera. Al fin y al cabo, el universo en sí es tan asombroso que eso para mí ya no es tan extraño. Lo que sí me fascina es la posibilidad de conocer esa relación; el cómo, desde la antigüedad, han habido personas capaces de correlacionar ambos mundos.

La ventaja de esta forma de autoconocimiento es que puede ahorrarte tiempo y energía.

Me gustan dos metáforas para explicar la idea de mapa. Imaginemos a una persona que tuviera que hacer el mapa de las calles de su ciudad. Si lo hiciera caminando, probablemente tardaría muchísimo más tiempo y cometería más errores que si se subiera a una torre en el centro de la ciudad y pudiera verla en toda su extensión. Digamos que la vida transcurre a pie de calle y los mapas de los que hablamos te dan la posibilidad de elevarte para verte en tu totalidad.

Es la diferencia entre hacer un puzzle teniendo a mano la caja con la imagen a reproducir o no tenerla y tener que ir tanteando.

Lo que no te gusta de ti mismo está ahí por una razón y al ver tu mapa la comprendes. De repente cobra sentido: descubres partes tuyas que no conocías y al no reconocerlas como propias, la vida te las presentaba reiteradamente afuera para que las integraras en ti ampliando tu concepto de identidad propia. De repente te das cuenta de que no estas haciendo las cosas mal, porque puedes ver la cantidad de condicionantes que te llevan a hacer lo que haces. Te haces amigo de tu propio mapa porque te das cuenta de que no es ni bueno ni malo, sino que es el mejor vehículo posible que se te podía dar para hacer lo que has venido a hacer en esta vida. Y de repente te aceptas, al fin, ¡tal como eres!

Alineación o alienación
Puedes vivir alineado con tu personalidad y ésta alineada con tu propósito; o puedes vivir alienado, enajenado de ti mismo y de tu propósito.

Enfermamos porque no estamos alineados, porque estamos desintegrados, porque ni siquiera nuestra personalidad está de acuerdo consigo misma, porque nos pasamos la vida haciendo actividades con las que no estamos emocionalmente de acuerdo y para no sentir ese desacuerdo estamos continuamente pensando en una tercera cosa que nada tiene que ver con lo que estamos haciendo y sintiendo en cada momento.

Estas contradicciones entre lo físico, lo emocional y lo mental son las que nos consumen la energía. Esta falta de energía es la que nos impide sostener la consciencia despierta para saber quiénes somos, cómo es nuestra particularidad, para respetarla y dejar de vivir la vida de otros.

Cada ser humano es único e irrepetible. Nunca ha habido nadie como tú y nunca más volverá a haber nadie igual que tú. A pesar de ello, vivimos vidas bastante similares porque la presión exterior uniformizadora ya desde bien pequeños es muy fuerte y porque no conocemos cuál es nuestra singularidad ni cuál es nuestro propósito particular en esta vida: aquello que has venido a realizar y que... sólo tú puedes hacer.

Andrés Zuzunaga, 2010.



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